jueves, 23 de febrero de 2012

Ab imo pectore.

Innumerables instantes componen esta vida. Algunos más dulces, tiernos, otros más amargos. Y como esta existencia se manifiesta en ciclos, parece que ahora vivo un agridulce. Es todo muy acerbo, sin embargo, siempre se presenta alguna circunstancia que pretende empalagar el aire.

Quizá asimismo puede derivar este ciclo la ocasión de sosegarse, acallar, reservar, pausar; analizar y detallar la situación, y seguida de una cavilación, actuar con las disposiciones oportunas.

Goza todo de una embrollada complejidad, y una cadencia demasiada elevada. Temo estrellarme, como el que circula a 300 km/hora por un sendero de montaña. Y me creo capaz de moderar y detenerme, pues bien, también necesito reposar. 

Todo cambia de modo perturbador, angustioso y alarmante, de tal forma que no puedo llegar a ser íntegramente consciente ello; de lo que se cuece a mi alrededor. 

martes, 21 de febrero de 2012

Bienvenidos al desfile negro.

Canciones, esos elementos que en cuantiosas ocasiones no son más que recuerdos. Y ella (www.youtube.com/watch?v=kDWgsQhbaqU), me recuerda a mi. Lo que he sido, lo que soy. Me evoca cierta época, en la cual ansiaba evolucionar lo que era. Ya no es tan profundo ahora este sentimiento.

También, alude mi espíritu vitalista, mis ganas de seguir luchando, sonreír. Estoy aquí para vivir la vida, no para contemplarla, porque ya bastantes años perdí ahogada entre lágrimas y sufrimiento, sin advertir que ni siquiera había empezado a vivir. Porque solo hay un verdadero fin, la muerte. Y antes de él resiste su contrario, bien no es el más sencillo, pero sí el más bello.

Condensación de críticas.

Mis ideas son confusas. Sé lo que quiero, pero no sé como luchar por ello. Parece que el mundo se hunde, y yo con él. Lo que era antes amor, es ahora odio; lo que resultaba bondad ahora resulta maldad; y el altruismo ahora se manifiesta en forma de egoísmo. Somos menos personas para ser más monstruos. Y preferimos ser cualquier otra mierda antes de ser humanos. Ya no conocemos la tolerancia, nos hemos cegado por la crítica. 


Marionetas, no somos más que marionetas de esta sociedad, al mismo tiempo que somos esclavos de modas y juicios ajenos. Ahora, jugamos con las personas y queremos a los objetos. Pedimos al prójimo antes de pensar hacerlo nosotros mismos. Todo de esta manera resulta más fácil, ¿no?



Somos seres vacíos, sin pasión, compasión, razón o sustancia. Solo buscamos destacar, sin importar el fin; bien o mal; ya da igual todo.

¿Modas? Ya bastantes semejantes somos al fin y al cabo, independientemente de la forma de vestir, escuchar, vivir, sentir, como para querer ser iguales por voluntad propia. Tan patético resulta seguir modas como ser opuestos a ellas. 

domingo, 19 de febrero de 2012

Calle del Reloj Averiado.



He olvidado muchas cosas. Cúmulos de recuerdos y sensaciones ya no resisten en mi memoria. Su sonrisa, su tacto, su fragancia, su voz, su peculiar forma de andar; la felicidad. 
Sin embargo, resulta tormentosa la evocación de su mirada. Intensa, vehemente, penetrante, viva, aguda, potente, profunda. Restan muchos elementos ocultos en ella, de los cuales desconozco su naturaleza. Me transmite confianza, pero angustia mi paz. Advierto que me mira de forma especial; algunos, lo llamarán amor. Yo misma siento que necesita descifrar algún componente que hay en mi. Salvo preguntar copiosas veces, nunca entendí qué quiso de mi. 

Sería un embuste afirmar que se porta del todo mal conmigo. Reconozco y admito que no es así. Hasta el reloj parado, marca como mínimo, dos veces bien la hora al día. Siempre ha estado ahí, aún no siendo en primera fila, pero su presencia siempre ha sido un hecho. Me da la mano, lo ha hecho siempre que me he derrumbado. Después, ha tomado medidas consecuentes. Sí, es muchas veces el único causante de mi sonrisa. Pero no por ello, siento que debo darle las gracias, ni mucho menos. 

Se conserva en mi vida, de igual manera que un coche vive en un camino; pasa por él, deja su huella, y sigue su camino. Cuando su huella se está desvaneciendo, vuelve a pasar. Y así, nunca desaparece su recuerdo.

Desierto y oasis.

Comparan la vida con el desierto y el oasis. Si bien es así, me he perdido en el primero. Me falta gozo, ilusión, seguridad, fe, confianza, cual comida. Y es escaso el amor, cual agua. Así resulta la duda, lograr sobrevivir. Me he caído, y me he levantado para volver a caer. Ahora, permanezco sentada en el suelo; esta vez, la caída ha sido poco agraciada. No puedo levantarme por mi misma, no me restan fuerzas. Cuento con unos compañeros de viaje, los cuales, no parecen ser fieles a sus promesas, palabras; ahora, no están dispuestos a prestarme sus fuerzas, su apoyo.