Innumerables instantes componen esta vida. Algunos más dulces, tiernos, otros más amargos. Y como esta existencia se manifiesta en ciclos, parece que ahora vivo un agridulce. Es todo muy acerbo, sin embargo, siempre se presenta alguna circunstancia que pretende empalagar el aire.
Quizá asimismo puede derivar este ciclo la ocasión de sosegarse, acallar, reservar, pausar; analizar y detallar la situación, y seguida de una cavilación, actuar con las disposiciones oportunas.
Goza todo de una embrollada complejidad, y una cadencia demasiada elevada. Temo estrellarme, como el que circula a 300 km/hora por un sendero de montaña. Y me creo capaz de moderar y detenerme, pues bien, también necesito reposar.
Todo cambia de modo perturbador, angustioso y alarmante, de tal forma que no puedo llegar a ser íntegramente consciente ello; de lo que se cuece a mi alrededor.

